martes, 21 de julio de 2009

Requiem

Llueve sangre del cielo. Mi sangre. Y corre ese mucre sabor plateado haciendo las heridas más profundas , abriendo cicatrices ya cerradas, desenterrando recuerdos ya olvidados. El cielo teñido de rojo, cerrado de par a par en su inmensidad, sin ni un resquicio para ver la luz, de vez en cuando dejaba escapar un alarido ensordecedor que llegaba a estremecer hasta el más ínfimo ser viviente.

Caminaba sin saber que caminaba, no sentía ser más que polvo, arena que entraba a los ojos de las personas para hacerlas llorar. A cada paso que daba , un clavo se enterraba en mi cuerpo, un rayo atravesaba mi pecho recordándome aquel maldito amor.

¿Por qué no hiciste más llevadera la flecha que me hirió?.¡¡¡Debía ser una herida que tú debías sanar!!!!, pero a cambio de eso:¡¿Por qué la hiciste aumentar?! , ¿No fue ya suficiente mi dolor?,¡¡¡¡Líbrame de él , maldito amor!!!!.Y lloro sangre a pesar de que ya no me queda nada. Dolor materializado, la opresión del mundo sobre mi cabeza

Me enceguece ahora la rosa que antes me deleitaba, y sus espinas penetran mi piel desgarrándola en jirones, mas ya no siento nada. El placer por el roce de sus pétalos , por la caricia de sus hojas, por el calor de su ambrosía ha ayerecido.

Vedado fue para mí un Cupido , maldecido he sido por Afrodita , ya Sócrates se me ha aparecido y me tentado con la cicuta , mas yo le he atravesado en mi camino.

Camino sin saber que camino, sin rumbo, ni conciencia….es el dolor , dolor de un amor.

Navego en un lago oscuro, sobre un par de tablas. La gélida brisa nocturna hace las veces de mil cuchillos que cortan mi piel. Lentamente avanzo, mientras siento como el agua va tragándose lentamente mi navío… y me dejo llevar…. Cuando ya no queda nada más que mis ojos fuera, miro una última vez a lo que fue el injusto mundo, y los cierro para no volver a abrirlos nunca más.

Siento un ensordecedor estallido en mi cabeza. El ruido de mil bocinas me sacan de aquel sopor y mis ojos vuelven a ver la realidad. Frente a mí un conglomerado de gente hacinada alrededor de un bus , mientras que el semáforo mira ruborizado la situación.

Me acerco sigilosamente, tratando de pasar desapercibido. El sol esplendoroso mantiene entrecerrados mi ojos y no les permiten averiguar lo que allí ocurre. Cuando, protegido por la sombra, logro observar el espectáculo, mi cuerpo queda hecho de piedra. Un escalofrío desde el primer cabello hasta la punta del pie me confirma lo que estoy observando.

¡¡¡Oh, amada mía!!! ¡¡Morir pensando en tu esencia , es como un suicidio no programado!!!. Cae una lluvia de pétalos negros, y el cielo se torna oscuro. El suelo comienza a crujir, y corro. Me siento caer en el abismo , aquel sumidero eterno del que no saldré jamás, mientras que en mi mano llevo una rosa …sí,esa rosa… la rosa de la verdad

Luctus

Mentiría al decir que estoy bien. Creo que el mundo gira cada vez más rápido sólo para intentar hacerme caer o salir disparado hacia algún lado. Siento como todo se marchita, se pudre,el olor alcanza a mis fosas haciendo que se contraigan en ese gesto innato que intenta expresar el disgusto de mantenerse junto a el. Si el sol brilla, para mi es oscuridad, si la gente ríe , para mi es ruido, quiero estar sólo, simplemente encerrarme en mi pieza y estar acompañado de un pañuelo que es el único que verá y podrá aguantar mis lágrimas; taparme con la almohada , alejarme de lo mundanal, vivir en otra realidad. “Ayer tuve un sueño, soñé que caminaba por la playa y que al mirar hacia atrás veía dos pares de huellas. Pero cuando me tocaban los momentos más difíciles y volvía a mirar hacia atrás, solo había un par. Entonces le preguntaba a Dios. ¿Por qué estás conmigo solo en los momentos más fáciles y en los difíciles me abandonas?, a lo que Él respondió: Hijo mío, las huellas que tu ves son las mías mientras yo te cargo sobre mis hombros”.Estas palabras no se me van a olvidar nunca. Escucharlas, mientras la urna de mi bisabuela bajaba, saber que nunca más iba a poder abrazarla, nunca más volvería a recibir sus famosas galletitas; el jamás es la peor daga con la cual asesinar.

Se que Dios es el único que me puede escuchar en estos momentos, el que me puede ayudar a seguir adelante. Me arrodillo y oro. Le lloro al Señor en estos difíciles instantes, se que me escucha, mas las fuerzas no me llegan, pues mi dolor es muy profundo.¿Alguna vez han visto esos abismos abisales? .... Mi herida no se puede comparar con ellos, porque no hay nada en este mundo que pueda representar el sufrimiento de perder a un ser querido. Es el típico egoísmo humano de querer tener para siempre a quienes nos rodean.

Ahora veo niebla. Un lugar que aparenta ser celestial, sauces bañados por esa sábana blanca, que no deja ver ni la punta de mis pies. Todo parece ser perfecto. De repente tres mujeres se acercan, me miran ,mientras yo caigo en su hechizo. Quiero abrazarlas, pero se escurren, aparecen y desaparecen como fantasmas. Nadan en la niebla, son blancas, blancas como ella, .Alguien juega con mis cabellos, mis pelos se erizan y cierro los ojos para sentir mejor. Al darme vuelta , ahí esta , parece hecha de cristal, mis brazos se cuelan por su cintura y se revienta cual burbuja de jabón. ¡¡Que mujeres más becquerianas!!. Decido olvidarlas , pues mi corazón no aguanta el peso de llevar más dolor. Un amor no correspondido, más bien letanía de un amor. Y mi mente queda en blanco. ¿Mi mente?. Debo vaciar mi corazón. Sangra por cada hueco de las espinas enterradas, prefiero arrancármelo y ponerlo debajo de un zapato.Espero. ¡Ah!¡Qué alivio!.Ya no queda nada, es como si estuviese muerto.Pero ¿Qué he hecho???.Yo no quería dejar de sentir ,no quiero estar muerto, no quiero estar solo , necesito a alguien. ¡¡¡Te necesito a ti amor!!, pero no te recuerdo, borré mi mente y mi corazón….¡Oh!¡Maldita sea , qué he hecho!!.Bajo un aromo una banca con formas contorneadas. Intento escarbar en mis recuerdos, mas no tengo. Lloro y no cae una sola lágrima. La brisa se lleva mis aullidos y trae consigo aquel ósculo perdido que alguna vez echaste al viento. Una flor cae en mis manos. El contacto de sus pétalos con mis manos me hacen sentir extraño. Trato de imaginarte, pero tal como una foto que ha quedado expuesta al sol por años, tu rostro se ha esfumado. Muero, si…. ahora muero porque ya nada queda. El mundo no tiene sentido para mi. Tú eras lo único que me quedaba. Ahora morir es un placer. Veo la luz.

¿Aló?, ¿Quien está al otro lado la línea?, nadie contesta solo escucho un sonido sordo que huele a vacío. Ahí es donde recuerdo…. es mi corazón.

Camino con el rocío matinal y me siento en una banca contorneada. El sol de las doce azota mi rostro con dureza, y espero ahí algo que no sé, mientras el tiempo pasa para todos menos para mi. Una sombra se cruza ante la luz. Luego una presencia junto a la banca. Lentamente alzo mi cara para ver que es lo que perturba mi soledad. Y es ahí cuando veo una hermosa mujer...”Su belleza no era de otro mundo , pero tampoco era de este”. Ojos que bailan como chispas y que no son más que el Universo en su haber. Algo rasgados hacia los lados y una sonrisa coqueta , pero no insinuante.. Su rostro solo puede ser el de un ángel. Incluso me parece ver la luz detrás de ella. Pero ahí me quedo, porque ya no tengo corazón. ¡ Si tan solo lo pudiese encontrar!. Meto mi mano al bolsillo para buscar un pañuelo. Y en vez de eso saco un paquete envuelto. Lo abro con sumo cuidado, anhelando saber pronto lo que contiene. Me paralizo. Frente a mis ojos, mi corazón. Lo veo, lo analizo. El tiempo ha cerrado las heridas que tenía y no ha dejado cicatriz. Pongo mi mano en mi pecho e intento volver a colocarlo. Lo logro.

Siento vibrar mi cuerpo, me siento diferente. Me dirijo hacia aquella muchacha que tanto ha llamado mi atención. Conversamos toda una tarde, acompañados por el ulular constante de las palomas, mientras que bajo la banca el viento hace caer las semillas de un árbol sobre nuestros rostros interrumpiendo a ratos nuestra platica. Lo siento latir, ¡Qué maravillosa sensación!.

Nuestros encuentros se vuelven frecuentes. Observo sus labios de pétalos mojados, sus pelo que con curvas resaltan su femeneidad.

El sol de las doce anunciaba que nuestro encuentro se acercaba. La felicidad extasiaba mi corazón. Veo el árbol cotidiano y un pie que cuelga de la banca. Me acerco sigilosamente, mientras que todo mi cuerpo tiembla de pies a cabeza, me ruborizo al momento de recordar su mirada y anhelo alguna vez tocar sus labios y sentir su esencia. Ahora que comienzo a distinguir mejor, veo a dos personas entrelazadas en una lluvia de besos y caricias. Quedando a tan solo 30 centímetros del lugar , mi corazón me avisa qué está ocurriendo. Tapada con el abrigo de aquel hombre, yacía la mujer que había logrado conquistarme. En una reacción de impotencia , corro , sintiendo los gritos de mi nombre saliendo de su boca , antes armoniosos , ahora hiel ,cicuta ardiente. No quería volver a escucharla nunca más. Paro en la llanura y caigo sobre el lodo . Los relámpagos y la lluvia no hacen más que acompañar mi pesar. Me arranco la camisa y las gotas acarician como hojas de navaja mi piel. Desnudo , agarro con mis dedos mis cabellos e intento arrancármelos. Mis gritos se acoplan con los truenos. Instintivamente una mano se apoya en mi pecho. Y entiendo. Entiendo porque lo tenía guardado en mi bolsillo. Ahora sangra profusamente, el dolor es incomparable.

Una lágrima cae encima en mi boca, pero ya es demasiado tarde. Llora mi muerte, agarrando mis manos. La rosa roja que sujetaba se torna de un negro fúnebre.

Aroma a flor


Sentado frente a un cuaderno con un portaminas y una goma, escribiendo unas inútiles palabras de introducción. Mis ojos titilan frente a la poderosa luz de una lámpara y permanezco sentado, sin moverme, haciéndole compañía a la soledad y al silencio. Ninguna idea cruza por mi cabeza, la calle está despejada como el centro de un día domingo. El lápiz sólo se mueve y escribe lo que estás leyendo. Por primera vez deseo escribir lo que pienso, sin detenerme a pensar lo que estas palabras expresan, sin elegir narrador alguno y sin ni siquiera ser escritor. O sea, sin ser escritor conocido, ya que el hecho de estar escribiendo estas letras me hace uno de ellos. Tal como Dante o Hesse, soy uno de ellos, pero en renacuajo, en cascarón, a punto de realizar un Big-Bang.

Repentinamente un exquisito olor a flor me envuelve en los recuerdos y me impulsan hacia adentro. Me veo en el colegio caminando solitario, igual que Sinclair en Demian. Pero un suave olor a flor despierta mi corazón bruscamente y me siento renacer, volar hasta la luna y volver a caer. Intento saber de donde proviene, pero no lo encuentro, se ha esfumado.

El rutinario timbre logra a duras penas sacarme de mis pensamientos, del deseo de no olvidar jamás ese olor. “Las células son las…”-decía mi profesora de biología, pero yo estaba en otro mundo: en el mío, en mi interior…

Era una colina desde las cuales podía observar un bonito paisaje. Caminaba alegremente mientras el sol azotaba mi cara, haciéndola brillar de alegría. Iba caminando sin rumbo, cuando inesperadamente siento ese olor. Ese que hacía revolver mis entrañas, el que hacía fluir por mi cuerpo la savia del amor. Era ése, el olor a flor.

Y lo sigo, desviándome del camino. Lo tomo de la mano, mientras él me lleva, levitando hacia un lugar desconocido, pero no temido por mí. No mientras él existiese. Flotando como en un sueño, caigo. Ese aroma me ha dejado. Lo busco desesperadamente y lo encuentro. Con una forma contorneada, me recuerda a una mujer. Luego dibuja lo que podría ser sus cabellos, sedosos y brillantes y sobre éstos un rojo sombrero. Era una joven, con un vestido de flores de distintos tamaños destacadas en un fondo blanco. En una mano llevaba una especie de canasto con más flores, de diversos colores y olores. Pero, como en el romanticismo, la forma importaba poco. Era ella, su esencia, lo que atraía, lo que llamaba, extasiaba y capturaba. Era como torcerle la mano al destino en un viaje sin retorno.

Se encontraba de espaldas a mí, frente a un naranjo cuyo olor se mezclaba suavemente con la frescura de ella. Y en cámara lenta, ella se comenzó a dar vuelta…se acercó y…

- ¡Marcelo!- ese grito vino como una bofetada a arrancarme de un mundo de ensueño en menos tiempo del que canta un gallo. Aturdido, a duras penas logré darme cuenta que me encontraba parado sobre la mesa del último puesto, con una pierna elevada hacia la ventana y ochenta ojos sobre mí. Los ojos de la profesora parecían bolas de fuego capaces de atravesarme tras una mirada. Al haber seguido el olor, ese olor caótico, mi sueño y la realidad se habían enlazado.

Once treinta: las agujas del reloj se habían dispuesto a mi favor para romper el esquema de esa desagradable clase. El timbre retumba en mis oídos y mis piernas se echaron a correr esquivando mesas, sillas, puerta y alumnos….pero era inútil esquivar ese olor, TENÍA QUE ENCONTRARLO.

Lo seguí por los buses y entré en el casino. Parecía que cada persona hubiese sido tocada por ella. Confundido, la cabeza me daba vueltas y, a su vez, el aroma de ella daba vueltas en mi cabeza. Mi corazón ya no cabía en mi cuerpo. Lentas gotitas bajando desde mi rubia cabellera. Mis ojos oliendo como sabuesos, mi nariz observando como halcón. Lo sentía , lo volvía a sentir, pero ahora estaba decidido a encontrarlo. Me llevaba y sentía al mundo en su entropía. Medio adormecido por aquel olor, sólo reaccioné cuando frente a mí apareció la puerta de una sala de clases que se ubicaba al otro extremo del edificio. La abrí y vi que junto a la estufa se encontraba de espaldas a mí una joven de cabello castaño, cabeza redonda, figura contorneada y una suavidad que se descubría al mirarla. Me acerqué lentamente y el olor se hizo más intenso. Ahora sólo estaba a dos pasos de ella. La tomé por la cintura, ella giró su cabeza y…

-¿Mamá?-pregunté sorprendido. En el cuerpo de ella estaba la cara de mi madre.

-¡Si, hijo-respondió ella-¡A levantarse, ya son casi las ocho!

Cuando logré salir del sopor de ese sueño, aún no podía creerlo. Justo cuando estaba a punto de descubrir quien era la dueña de mis sueños, me despertaron.

Una ducha, un tazón de leche y al colegio. Apenas alcancé la puerta de entrada cuando me di cuenta de algo. Flor, un resumido, anhelante y cautivante aroma a flor me envolvió como una esencia y ella pasó al lado mío, mientras sus cabellos se movían afablemente al ritmo de sus pasos. Sin perder un segundo, la cogí de la mano y la miré.

Anonadado ante tan indescriptible belleza, sus ojos de un penetrante color azul, grandes y algo asiáticos, delimitados por unas enroscadas pestañas; su nariz elegante, respingada y pequeña; su corazón agitado, cerca del mío. Sus ojos me miraban desorbitados mientras yo observaba la perfección de sus labios, al parecer hechos por un Miguel Ángel o un Da Vinci y pintados con la sangre de alguna alondra solitaria, ya que su rojo era más poderoso que el de una rosa que de blanca se hizo carmín. ¡Era ella, lo que siempre había buscado! El olor a flor era cada vez más intenso a medida que su boca se acercaba más a la mía. Yo cerré los ojos, inexperto besador, y sentí el roce de su labio superior con el mío.

Las sábanas enrolladas y la pieza iluminada por una débil luz: el brillo del sol al amanecer. Yo, el romántico, me encontraba besando el respaldo de la cama. Al lado mío, las flores que le había regalado mi padre a mi hermana para su cumpleaños.

Era un domingo…pero no uno cualquiera.

Neo

Prosa

Me gustaria alimentarme de tus besos, angeles invisibles en miniatura, petalos de rosa que lluven de nua nube de eterna pasion
Y k mejor si estan probhibidos? insaciables como la luz de tu mirada que me enceguece para llegar a tus brazos.

Lluvia de corazones

Senti que caías con la lluvia, que cada gota era un beso que se desvanecía sobre mi piel, tus ojos el arcoíris al final del camino y que tu sonrisa no dejaba lugar a sombras. El viento me recordaba tu aliento sobre mi mejilla y traía escondido tus latidos. Te veía dibujada en cada nube y soñaba con ser aquel ave para poder sentir el roce de tu piel hecho de algodones de agua. La ventana empañada dejaba ver los corazones invisibles que dibujaba para ti mientras que los árboles lloraban lagrimas de colores al ver aquel apasionado amor. Añoraba la noche para ver tu rostro reflejado en la luna. Perderme en los astros , en la bóveda universal , para recordar como es mirarte a lo ojos.

Ambrosia

Ambrosía

Carmesí de labios que se abren como una rosa

¿Qué haz hecho que ahora os tocan?

La lívida mano del ángel

Envuelve el beso virginal

¿Acaso lo hicisteis para una vez no más?

Bebo tu poesía, poesía esculpida celestial

Mientras que tu mirada

Clavada en la mía

Parece titilar

Tus pétalos suavizan las caricias

que mis manos hacen al pasar

y tu sabia enardece la fulgurante llama pasional

Llama viva llama

Que ni Eros puede apagar

Poseidón lo ha intentado

Mas Afrodita no lo ha dejado

Oh poesía, poesía esculpida celestial

¿Por qué me llevas a una travesía contra la que no puedo luchar?

Poderosa fusión de roja sensación

Torbellino sin rumbo de intrincados caminos

Haz tocado mi puerta

Haz girado la llave

Pues ahora ¿Qué esperas?

¿Para cruzar sin cuidado?

Arreit

Una sola palabra, ya van seis.... Y el mundo esta echo de papel y cristal , niebla de plomo que brilla bajo la luz del sol y los astros que esperan el semaforo para cruzar . Una vez me encontré con el Sol, y me preguntó si podía cruzar con rojo. Ahi fue cuando murió . Y ahora es de noche todos los días. Mas encima llueve porque la luna llora su muerte. Como estaba aburrido de que fueran todos los dias iguales, entonces me subí a la escalera y puse una ampolleta de 2000000000 de watts en el cielo. Al otro día el sol estaba ahí de nuevo. Nadie se percató de la diferencia y gritaban : resucitooo !! resucitoo!!! . K no se me olvidara apagar el interruptor.... eso era importante. La cuenta de la luz iba a ser estratosferica...pero literalmente....